LEYENDA ? LA QUEBRADA DEL TORO?

LEYENDA “ LA QUEBRADA DEL TORO”

     Sechurita, tiempos antiguos. Un grupo de amigos que liba en una cantina. Tras de la barra, un rostro acribillado de arrugas se desmenuza en una estúpida sonrisa…rostro momificado que carece en absoluto de expresión. Ojos lúgubres como dos carbones apagados, pero que se mueven como dos arañas negras y atentas.

     Un buen grupo de amigos: Antenor, Ciriaco, Gregorio, Juan Manuel, Chevita, entre otros, han libado toda la tarde  y ya se aburren de tomar donde se encuentran. Se ponen de acuerdo y deciden seguir bebiendo licor en la Tucilla. Hacia allá se dirigen, cuando la noche abre sus velos.

     Atendía el bar una buenamoza. Era una mujer de aquellas que tardan en dejar atrás su rubor de adolescencia. Cada vez que pasaba junto a ellos, quedaban embelesados del perfume que marcaba su paso y quedaban prendados de ese sutil rostro   que los atraía irremediablemente. Eso era vida.

     El alcohol pone cascabeles en las risas. El grupo tenía las miradas vidriosas por el alcohol. La hora avanza.

     La luz del candil que humea manso. De vez en cuando alguna mariposa se achicharra, incrementando el fulgor con su propia vida. Risas, brindis, alcohol, bullicio.

     Media noche. El viento gime.

Cheva ha bebido toda la noche con sus amigos. Se siente embriagado y ya, marcando los relojes las doce de la noche, decide abandonarlos, se escabulle silenciosamente y emprende el viaje de regreso a Villar.

La caminata es larga y con los tragos consumidos se agota más.

     Hay una luna brillante en el cielo. La blancura lechosa de la luna tiene una palidez espectral.

     Al pasar por la desembocadura de la quebrada lo gana el cansancio y se duerme. Ronca como un bendito.

     Despertó sobresaltado al escuchar un fuerte ruido de sonajas, que rompieron los cristales del silencio de aquella hora incierta. Escucha un sordo ruido de galope y trotes, puede ser que por los efectos del licor, del sueño, del cansancio o del miedo le pareció advertir que del fondo m de la quebrada avanzó hacia él y al mismo tiempo que los sonidos, una sombra compacta y grande que en su estupor se le antojóm la de un gigantesco toro.

     No lo pensó dos veces, se despabiló y en un santiamén se alejó de allí a todo lo que daban sus piernas, hasta disolverse en la blancura de plata de esos arenales.

     Otro día. Comentarios. Sobresaltos. Dudas y temores. Cada uno agrega algo de su propia cosecha al rumor y éste se acrecienta. La firme promesa de ir todos los amigos a corroborar la historia o la borrachera. Determinaron llevar armas de fuego, picos, palos, piedras…

Era una fea noche sin luna.

Agazapados vieron transcurrir las horas. Al llegar las doce de la noche, efectivamente escucharon que el fondo de la quebrada se llenaba con el ruido de sonajas y tropel de cuadrúpedos. Llegaron a divisar dos ojos llameantes en la oscuridad  de la quebrada, pero nada más. Se olvidaron que estaban en grupo, de las armas de fuego, de picos, palos, piedras y de inmediato todos emprendieron la fuga atropellada y desordenadamente y no pararon sino después de cientos de metros, sudorosos, agitados, con el corazón en la mano y haciendo mil conjeturas, a cada cual más terrorífica. Nada salió de allí, pero el temor los había ganado. Habían comprobado la veracidad  de lo sucedido.

     A partir de ese momento nace y se acrecienta la leyenda de “La Quebrada del Toro”. Con ella crecimos los zorriteños.

Autor: Prof. Dante R. Apolo B.

      “ Se comenta que, en el fondo de la quebrada existe un toro maligno con los ojos grandes, rojizos, inyectados de sangre y que ataca de improviso, a quien osa cruzar por la carretera y por es3 lugar pasadas las 12 de la noche”.

     “Cuándo estudiábamos primaria hacíamos excursiones a este lugar y nos internábamos por sus interminables vericuetos y colinas; pero nunca vimos nada. A no ser los temores infantiles que nos hacían intuir gnomos, duendes, y descubrir huellas inexistentes de animales y que, por supuesto, las atribuíamos a un toro”

     “ Cuando éramos niños sentíamos pavor al pasar por aquel lugar. Aveces cerrábamos los ojos para no ver la entrada más propiamente- en este caso- de desembocadura de la quebrada, que semeja la oscura boca de una cueva, en donde se encontraba el acechante toro, que en cualquier momento nos embestiría”

     “Antes de cruzar por este lugar, hacíamos un alto, tomábamos respiro y pasábamos corriendo como alma que lleva el diablo y mirando para el lado contrario. Pasados más de cien metros aminorábamos la carrera. Finalmente nos deteníamos jadeantes, sudorosos y asustados, habíamos pasado con bien”

Siempre hubo miedo. Crecimos con él. El miedo es como un veneno sutil que emponzoñó a muchas generaciones de muchachos que lo experimentamos.

Aveces pienso que fueron invenciones de algún padre previsor a fin de que sus hijos no pernocten- en horas de la noche- demasiado tiempo fuera de sus hogares.

Hoy al pasar por la quebrada del toro, sea cual sea la hora, no asusta a nadie. Esto pertenece al pasado.

He tratado de recoger la mayor información posible entre los antiguos pobladores, pero buena parte de ella se pierde en vaguedades e imprecisiones que el tiempo ha diluido.

 

 

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Comentarios

si recuerdo de chico ese lugar estaba pasando el cine Abtao que existia en ese entonces pasabamos corriendo con mis primos los Moran ( hijos de mi tio Chavo el fotografo) muy conocido . 

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